lunes, 1 de julio de 2013

EL ANTIFAZ

Fíjate en las palabras que escuchamos. Las de los periódicos, las de los noticiarios, las de los políticos... Nos indican claramente por dónde se mueve el mundo en el que vivimos. En un 80% son palabras negativas, duras, que revelan hechos que nos desaniman, nos alarman y nos hunden en el pesimismo. Al final, se meten en nuestro inconsciente y entran a formar parte de nuestro repertorio, de nuestras conductas y, por último, de nuestras actitudes. Forman un antifaz que nos colocamos en la cara y que tapa lo que realmente llevamos dentro. Se produce una reacción en cadena y cada persona, como reacción ante el otro, forja su propio antifaz. Un antifaz negativo y falso. Un antifaz que nos deteriora a nosotros mismos, que deteriora las relaciones sociales y que siembra de la cizaña de la desconfianza a toda la sociedad. Porque sabemos que somos falsos y que esa máscara no es lo nuestro, no es lo que realmente sentimos, no es nuestro yo intimo... Tenemos que reaccionar. Tenemos que sacar nuestras palabras, recuperar el vocabulario que nos llena de esperanza, que nos llena de ilusión, que nos llena de vida. Tenemos que sacar las palabras positivas, esas que salen de nuestros principios, de nuestro carácter, de nuestro modo de vida. Esas que nos definen como sociedad, como pueblo. Es hora   de reconocernos los unos a los otros, de reconocer en público lo que sabemos que es en privado. Es hora de salir al agora y gritar, es hora de mirarnos a los ojos y decir ¡basta!, es hora de mirarnos dentro y reconocernos en los demás, de darnos cuenta que nos llevan por donde les interesa y de que no van a poder con nosotros. Es la hora, definitivamente, de quitarnos el antifaz...

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