domingo, 18 de diciembre de 2011

LA FAMA

Vivimos rodeados de ídolos, de becerros de oro a los que adoramos como si fueran algo más que personas, como si fueran LAS personas. Todo gira en torno a ellas y parece que sin ellas el mundo pierde sentido. Son los famosos, personas que destacan no por lo que son, sino por lo que simbolizan. Fervor, riqueza, admiración, idolatría...Ellos cuidan su imagen pública, pero nunca se les acaba de conocer. En su vida vida privada pueden ser degenerados, egoístas, pendencieros...o todo lo contrario. Sin embargo, no suelen sobresalir por su capacidad de entrega a los demas, sino mas bien por su ambición personal. Son ensalzados, enlatados, beatificados, sobredimensionados y ascendidos al olimpo... de los famosos. y nosotros nos quedamos aquí abajo empequeñecidos, minusvalorados, homogeneizados y descafeinados. Somos la plebe, el vulgo, el populum, es decir, los no famosos. En esta dualidad nos reconocemos como los de abajo y nuestros sueños van encaminados a formar parte de los de arriba. ¿Podremos salir alguna vez de esta espiral? ¿Seremos capaz de valorar a las personas siguiendo otros criterios que su significación pública?¿Queremos hacerlo?

2 comentarios:

  1. a veces valoramos a las personas por otros conceptos: entrega, capacidad de sufrimiento, no rendirse ante la adversidad...y a los que por determinados criterios admiramos, nuestros criterios. Los idolos los hacemos nosotros y de nosotros depende que así sean considerados...valoramos lo que conocemos

    ResponderEliminar
  2. Me temo juanjo que hoy en día los idolos se crean artificialmente atreves de los medios de comunicación y que su valoración depende mas de la presión de éstos que de los valores que nos muestran...

    ResponderEliminar

¡Venga, animate a comentar lo que te salga del alma!