
Esa mirada caída en el polvoriento suelo,
esas hojas sepultadas en el silencio,
esos vacíos metales sin luz.
Las manos llenas de mariposas deslumbrantes,
la luz llena, de mariposas arrancadas de los sueños.
Tu guardas la estela de luz rota
iluminada por el sol de un crepúsculo tardío,
teñido en miel de abejas sin rumbo.
Tu sueñas con miradas, en esencias
de sueños con colores irisados protegidas,
con manto de primavera eterna guarnecida.
Tu guardas los dias días que escaparon
de mis deseos embelesados,
que ahora caen, destemplados,
a los pies del a dueña de mi amor.
Y tu sagrado cuerpo ha quedado profanado,
caído de bruces en un invierno macilante,
extendido más allá de cualquier confín,
presa de los carroñeros del olvido,
condenado a la vida de una tierra
quemada,
convertido en despojo sepultado
en glaciar atormentado.
A veces el olor de tu desbocada juventud
asciendo a los entresijos de una nublada emoción
golpeando las sienes de mi mudo mundo,
intentando abatir las almenas del olvido.
Y una furtiva lágrima de acero
se desliza por el páramo
destrozando las escasas hierbas que,
sin agua ni luz, sobrevivían aqui y allá...

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