domingo, 21 de diciembre de 2008

A Pablo Neruda




Esa mirada caída en el polvoriento suelo,

esas hojas sepultadas en el silencio,

esos vacíos metales sin luz.

Las manos llenas de mariposas deslumbrantes,

la luz llena, de mariposas arrancadas de los sueños.


Tu guardas la estela de luz rota

iluminada por el sol de un crepúsculo tardío,

teñido en miel de abejas sin rumbo.


Tu sueñas con miradas, en esencias

de sueños con colores irisados protegidas,

con manto de primavera eterna guarnecida.


Tu guardas los dias días que escaparon

de mis deseos embelesados,

que ahora caen, destemplados,

a los pies del a dueña de mi amor.


Y tu sagrado cuerpo ha quedado profanado,

caído de bruces en un invierno macilante,

extendido más allá de cualquier confín,

presa de los carroñeros del olvido,

condenado a la vida de una tierra

quemada,

convertido en despojo sepultado

en glaciar atormentado.


A veces el olor de tu desbocada juventud

asciendo a los entresijos de una nublada emoción

golpeando las sienes de mi mudo mundo,

intentando abatir las almenas del olvido.


Y una furtiva lágrima de acero

se desliza por el páramo

destrozando las escasas hierbas que,

sin agua ni luz, sobrevivían aqui y allá...

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